La ansiedad es insoportable, sientes que tu estómago se comprime hasta un punto en el cual ya no lo sientes; las manos sudan de vez en cuando, es necesario sentarse porque las piernas pesan. La molesta impaciencia está presente desde hace mas de una semana y se cuela hasta en tu sueño. No es para menos: el empate a cero en Medellín no asegura nada, a pesar de que el equipo rindió bien en defensa y así muchos conocedores te den por favorito.
17 de julio de 2013. Después de un largo suspiro me levanto de la cama y lo único que quiero es lucir orgulloso la camiseta roja con mangas blancas que tiene estampado atrás el número 10 y debajo el nombre de uno de mis ídolos futbolísticos Ómar Pérez, sí, es la camiseta de Independiente Santa Fe, el equipo que se volvió una de mis pasiones desde que tengo memoria, aproximadamente a los siete años.
Ya son las 11:30 y quedan ocho horas exactas para que Imer Machado (árbitro oriundo del Casanare, al cual siempre he criticado porque creo que se carga cada partido que le dirige al “Expreso rojo”) dé el pitazo inicial de la segunda final de la Liga Postobón 2013-I.
Había hecho de tripas corazón y con un buen amigo decidimos que a modo de protesta contra la empresa de boletería y contra la institución cardenal, no compraríamos la boleta, pues tenemos la firme convicción que quienes nos abonamos merecemos un trato especial en los precios (como sucedió la final del año pasado). Me pesaba no ir al estadio, no dejar el alma en cada canto, en cada grito. Me consolaba la idea de que al menos no hice uno o dos días de fila, pero luego caía en cuenta que esos son minucias y mi pesadumbre volvía.
Gustavo Petro, alcalde Mayor de Bogotá, decretó Ley seca el día del partido, eso evita muchos problemas y lo apoyo, pero dañó el plan que habíamos concertado con varios compañeros del colegio para ver el partido en algún pub del parque de la 93. Al final de cuentas, cuando la resignación de verlo en la casa se hacía inminente, como una heroína, mi prima Ángela me invitó a un restaurante en un centro comercial.
Foto cortesía de Independientesantafe.com
La hora había llegado. Eran las 7:22 pm cuando llegué a Gran Estación. El sitio estaba lleno, pero muy pocos veíamos el partido. Justo delante de nosotros había una mesa con hinchas del Nacional, empezamos mal. Me perdí la previa, lo cual para mí es sumamente necesario antes de cualquier partido, sea la que hacen Niembro y Closs en Fox Sports o incluso los cortos comentarios de William Vinasco y Adolfo Pérez en la Futbolmanía RCN, seguimos mal. A las 7:32 pm Machado miró su cronómetro y pitó, yo me di una bendición, besé el escudo en mi camiseta y me preparé para la revancha.
En cuestiones de fútbol colombiano el regionalismo de cualquier hincha se exalta y cada que los hinchas paisas de la mesa contigua hacían alarde de cualquier jugada, era nuestro deber responder arengando más fuerte. Santa Fe se veía sólido, atacaba en bloque pero en demasía por las bandas, Nacional llegaba muy esporádicamente y no generaba peligro, hasta el minuto 39: un contraataque certero en el cual el pequeño pero talentoso Sherman Cárdenas gana con la cabeza (increíble, pero cierto) un balón que definió Jefferson Duque, quien reemplazó al mejor defensa santafereño, Juan Pablo Ángel. El marcador 0-1 en contra y mucha preocupación mezclada con esperanza dentro de cada hincha cardenal.
Para el segundo tiempo fue el mismo ritual, bendición y beso al escudo. El expreso rojo salió haciendo honor a este sobrenombre, con el cambio de Martínez Borja por Anchico el ataque albirrojo completó tres delanteros en el campo. Sin embargo no era suficiente. La defensa verdolaga posee gran talla y buena técnica -hay que reconocerlo- y cada centro fallaba. Duque volvió a hostigar nuestra valla varias veces sin éxito, por muy poco; Bedoya, Pérez, Cuero, Medina, Martínez B, Lalinde, etc., buscaban el empate que no llegaría. Minuto 60, entra uno de los jugadores peor recordados por la hinchada santafereña, Luis Fernando Mosquera, quien cada vez que le anota a Santa Fe lo celebra de manera especial, y como si fuera un ajuste de cuentas propio del karma es él quien liquida el encuentro a los 63 minutos de partido. Se repetía lo de hace ocho años, Nacional gana dos a cero a escasos minutos de acabarse el compromiso, pero esta vez en Bogotá, aún peor. Lo siguiente sería una lucha de 11 hombres contra una muralla verde como la que evocara la banda argentina de enanitos del mismo color.
Lloré un rato con la cabeza baja, sentía impotencia, desazón, humillación, etc. Y veía a los antioqueños de la mesa de enfrente abrazados y celebrando. Hasta hoy no he visto resúmenes del partido y dudo que los vea en un buen tiempo. Fue un golpe duro por lo que pasó en 2005, por la reciente eliminación de la Copa Libertadores, por lo bien que venía jugando el equipo, entre otras muchas razones. Hay momentos en que todo se ve tan cerca que no somos conscientes de que hasta no tenerlo en las manos no es nuestro. Admito las burlas que recibí, nos quedamos sin el pan y sin el queso.
Otro semestre viene y la pasión está intacta, así que VOLVEREMOS, VOLVEREMOS; VOLVEREMOS OTRA VEZ; VOLMEREMO’ A SER CAMPEONES; COMO LA PRIMERA VEZ.
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