En Bogotá donde no ha habido un personaje lo suficientemente idolatrado
como para ser merecedor de un embalsamiento, la muerte y los cadáveres son un
tema común. Las 958 muertes violentas faltando dos meses para cerrar el año que
reporta la Policía Metropolitana de Bogotá dan muestra de ello. Algunos de
estos cuerpos que son reportados como N.N. o no reclamados en las morgues u
hospitales son donados a varias universidades como objeto de estudio de los
futuros médicos.
Pero sí es posible hacer
esculturas de carne, hueso y piel. De hecho muchos siglos antes de estos
maestros, los egipcios (entre muchos otros pueblos) ya preparaban a sus
muertos, para un largo viaje hacia el otro mundo mediante el embalsamiento y la
momificación. Esas son estatuas de carne hueso y piel. Ya en el siglo XX los
personajes más idolatrados por sus pueblos recibieron su costoso embalsamiento
para dar la imagen con la que querían ser recordados: Lenin, Mao Zedong y el
más célebre el de Eva Perón. Actualmente hay otro tipo de estos cuerpos/estatuas
que no son exactamente para ver o viajar al más allá. Son para estudiar.
Los difuntos se encuentran
en uno de los lugares que tan solo con nombrarlo las sensaciones de escalofrío salen
a flote en las personas. El anfiteatro. Específicamente el de la Pontificia
Universidad Javeriana. Un edificio blanco que posee una característica propia
de la muerte: el frío. El blanco que domina las paredes y los pisos, el gris en
los casilleros y los techos y el azul oscuro de las puertas, de las largas
bancas que hay en los pasillos y de los uniformes de los médicos que se
preparan allí son todos colores fríos y acentúan una brisa gélida que no se
oye, ni se sabe de donde viene. Solo se siente y hace poner la piel de gallina.
Al abrir la puerta se ve
que cada mesa metálica posee un extractor y una sábana blanca que arropa un
cuerpo de color ocre que es el libro de anatomía en 3D más completo que un
médico pueda utilizar. Pero no son solamente estos difuntos los que se
estudian. Hay un lugar donde el frío aumenta y el olor a formol penetra en todo
el sistema respiratorio, es una despensa atestada de canecas de múltiples con etiquetas
que dicen: cerebros, hígados, corazones, etc. Que nadando en formol se conservan
para las prácticas y los exámenes. Están allí también los cuerpos que aún se
tratan, bajo una pesada tapa de metal cromado están sumergidos en lo que ellos
llaman “piscinas de formol” (duran allí seis meses mínimo para que se puedan
usar). Gracias al trabajo de varios doctores y operarios es que éste andamiaje tan
sensible se mantiene en pie cada semestre.
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| El embalsamiento de Eva Perón. El más famoso de la historia reciente, por parte del Dr. Pedro Ara |
Fred Murillo es operador
de éste anfiteatro. No es el Dr. Ara, evidentemente, pero en la Javeriana los
cuerpos y órganos se mantienen gracias a él y su equipo. Es un hombre pequeño,
con gafas, una boca que al cerrarse su forma es solo de línea recta, tiene porte
de médico administrativo cuando se encuentra frente a su computador; su pelo
castaño, peinado por la mitad con iluminaciones amarillas contrasta con la
parquedad que evidencia en su rostro y sus palabras. Puede ser que el frío que
se siente en el anfiteatro caló bastante dentro de su cuerpo, pues hay que
tener en cuenta que ya lleva siete años trabajando en el edificio.
El trabajo requiere de estudio,
compromiso, cuidado y dedicación, pues los cuerpos demoran en tratamiento de
seis meses a un año para poderse estudiar. “Los
cuerpos se consiguen mediante donación o cadena de custodia (guardarlo
mientras algún doliente lo requiera) vienen
de hospitales, ancianatos o Medicina Legal” así que los errores no están
permitidos. A lo largo de éste desarrollo Fred ha aprendido que su trabajo es
especial porque a los cuerpos y órganos hay que respetarlos “ellos tienen dignidad por que fueron
personas pero el muerto, muerto está” así que en el ámbito sobrenatural en su
experiencia es nulo. Es una nueva perspectiva del valor de la vida, dice él.
Gabriel García Márquez,
en una columna de 1982 titulada El
destino de los embalsamados, para el diario El País de España, después de
ver el cuerpo de Lenin en una urna de cristal en la URSS, escribe: Los católicos, al revés (de
los egipcios), piensan que la
conservación casual del cuerpo es un indicio de santidad, y lo exponen en sus
templos para deleite de sus fieles. Para Fred el embalsamar un cuerpo con
el fin de exhibirlo para idolatrarlo es algo sin sentido, pues todos estamos
destinados a un final y no se debe mostrar una imagen que no es. Así que si
bien en su trabajo hace lo que le gusta, no lo llega a considerar un arte, “La preservación prolongada de un cuerpo puede
ser un arte pero ¿A qué costo? Para ellos sí puede ser un arte eso”.
En Colombia hay resoluciones acerca de la
tanatopraxia (procedimiento temporal para la conservación de un cadáver) no hay
leyes específicas que se refieran al proceso de embalsamar un cuerpo
y conservarlo en exhibición para la posteridad, con lo cual queda abierto
el debate de que ésta pueda ser una posibilidad para algún colombiano
después de su muerte. “El proceso de
mantener un cuerpo es muy costoso y los métodos que hay en Colombia son muy
rústicos” así que no es cercano una ampliación de estos procesos en el
país. El pesimismo hacia su labor es evidente y lo
argumenta por el reemplazo que podría hacer la tecnología ante el lento avance
de la profesión de mantener cuerpos para estudio. ¿Llegará un modelo holográfico a cambiar la verdad que ofrece un cuerpo que alguna vez se movió,
respiró, sintió etc.?
Si bien Fred opina de
manera diferente al Dr. Ara, hay algo que no puede negar: la labor de los dos es
una combinación armónica de sus dos hemisferios cerebrales (los dos de cada
uno): de toda su atención, de todos sus conocimientos, de todas sus capacidades.
La medición en la cantidad de formaldehido, bálsamos y resinas que fluirán por
lo que fue el torrente sanguíneo que mantendrán al cuerpo muerto con imagen de
vida o para práctica médica debe ser perfecta; sino las consecuencias podrían
ser nefastas tanto para el difunto como para su interventor. A su vez éste
oficios requieren del preciosismo, la sensibilidad y la perfección que solo los
artistas poseen. Son los Bernini o Miguel Ángel de la muerte.
El
libro en el que se basa mi perfil de Fred Murillo fue Santa Evita de Tomás Eloy
Martínez. En éste texto hay dos
características similares al libro: el edificio en el cual Eva fue mantenida mientras
el Dr. Ara hacía su trabajo es relacionable con el anfiteatro, todo por la
muerte y el frío que los habita. También está el personaje del Dr. Pedro Ara
que veía a Eva Perón como su obra más representativa. El doctor es un personaje
central en la historia y debido a que en el país no ha habido un embalsamiento
de alguna celebridad, la conservación de
cuerpos si se practica solo que para otros fines como la ciencia, el estudio y
la investigación.


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