jueves, 21 de noviembre de 2013

Los escultores de la muerte


En Bogotá donde no ha habido un personaje lo suficientemente idolatrado como para ser merecedor de un embalsamiento, la muerte y los cadáveres son un tema común. Las 958 muertes violentas faltando dos meses para cerrar el año que reporta la Policía Metropolitana de Bogotá dan muestra de ello. Algunos de estos cuerpos que son reportados como N.N. o no reclamados en las morgues u hospitales son donados a varias universidades como objeto de estudio de los futuros médicos.

Foto cortesía del Departamento de Morfología. Facultad de Medicina P.U.J


Italia tiene el privilegio desde el cinquecento (la etapa dorada del arte renacentista) de contar con las esculturas de maestros como Bernini y su Éxtasis de Santa Teresa o Miguel Ángel con su David, en sus museos. Cualquiera que visite la bota itálica y vaya a los templos artísticos, queda anonadado con la belleza y la perfección en los detalles que estos maestros imprimieron en mármol de Carrara. Claro, pero son solo eso: mármol.

Pero sí es posible hacer esculturas de carne, hueso y piel. De hecho muchos siglos antes de estos maestros, los egipcios (entre muchos otros pueblos) ya preparaban a sus muertos, para un largo viaje hacia el otro mundo mediante el embalsamiento y la momificación. Esas son estatuas de carne hueso y piel. Ya en el siglo XX los personajes más idolatrados por sus pueblos recibieron su costoso embalsamiento para dar la imagen con la que querían ser recordados: Lenin, Mao Zedong y el más célebre el de Eva Perón. Actualmente hay otro tipo de estos cuerpos/estatuas que no son exactamente para ver o viajar al más allá. Son para estudiar.

Los difuntos se encuentran en uno de los lugares que tan solo con nombrarlo las sensaciones de escalofrío salen a flote en las personas. El anfiteatro. Específicamente el de la Pontificia Universidad Javeriana. Un edificio blanco que posee una característica propia de la muerte: el frío. El blanco que domina las paredes y los pisos, el gris en los casilleros y los techos y el azul oscuro de las puertas, de las largas bancas que hay en los pasillos y de los uniformes de los médicos que se preparan allí son todos colores fríos y acentúan una brisa gélida que no se oye, ni se sabe de donde viene. Solo se siente y hace poner la piel de gallina.

Al abrir la puerta se ve que cada mesa metálica posee un extractor y una sábana blanca que arropa un cuerpo de color ocre que es el libro de anatomía en 3D más completo que un médico pueda utilizar. Pero no son solamente estos difuntos los que se estudian. Hay un lugar donde el frío aumenta y el olor a formol penetra en todo el sistema respiratorio, es una despensa atestada de canecas de múltiples con etiquetas que dicen: cerebros, hígados, corazones, etc. Que nadando en formol se conservan para las prácticas y los exámenes. Están allí también los cuerpos que aún se tratan, bajo una pesada tapa de metal cromado están sumergidos en lo que ellos llaman “piscinas de formol” (duran allí seis meses mínimo para que se puedan usar). Gracias al trabajo de varios doctores y operarios es que éste andamiaje tan sensible se mantiene en pie cada semestre.  

“El arte del embalsamador se parece al del biógrafo: los dos tratan de inmovilizar una vida o un cuerpo en la pose con que debe recordarlos la eternidad.” Con esta oración Tomás Eloy Martínez, definió de manera magistral el objetivo de una de las labores más complicadas de la biología: mantener a ras a la muerte física reemplazándola por admiración por parte de quienes están fuera de la urna de cristal.
El embalsamiento de Eva Perón.
El más famoso de la historia reciente, por parte del Dr. Pedro Ara


 
De una forma particular estos cuerpos quedan preservados para la historia. Si bien su muerte no fue tan importante como para reclamarlos y darles sepultura; el apoyo que prestan a la ciencia y la academia los dejará en el recuerdo de varios médicos que se devanan los cesos ubicando dentro de ellos arterias, musculos, huesos, etc. bajo la mirada atenta y ajuiciante de un doctor en un parcial. Estas son las estatuas de carne y hueso que ni Bernini o Miguel Ángel hubieran podido crear.

Fred Murillo es operador de éste anfiteatro. No es el Dr. Ara, evidentemente, pero en la Javeriana los cuerpos y órganos se mantienen gracias a él y su equipo. Es un hombre pequeño, con gafas, una boca que al cerrarse su forma es solo de línea recta, tiene porte de médico administrativo cuando se encuentra frente a su computador; su pelo castaño, peinado por la mitad con iluminaciones amarillas contrasta con la parquedad que evidencia en su rostro y sus palabras. Puede ser que el frío que se siente en el anfiteatro caló bastante dentro de su cuerpo, pues hay que tener en cuenta que ya lleva siete años trabajando en el edificio.

El trabajo requiere de estudio, compromiso, cuidado y dedicación, pues los cuerpos demoran en tratamiento de seis meses a un año para poderse estudiar. “Los cuerpos se consiguen mediante donación o cadena de custodia (guardarlo mientras algún doliente lo requiera) vienen de hospitales, ancianatos o Medicina Legal” así que los errores no están permitidos. A lo largo de éste desarrollo Fred ha aprendido que su trabajo es especial porque a los cuerpos y órganos hay que respetarlos “ellos tienen dignidad por que fueron personas pero el muerto, muerto está”  así que en el ámbito sobrenatural en su experiencia es nulo. Es una nueva perspectiva del valor de la vida, dice él.

Gabriel García Márquez, en una columna de 1982 titulada El destino de los embalsamados, para el diario El País de España, después de ver el cuerpo de Lenin en una urna de cristal en la URSS, escribe: Los católicos, al revés (de los egipcios), piensan que la conservación casual del cuerpo es un indicio de santidad, y lo exponen en sus templos para deleite de sus fieles. Para Fred el embalsamar un cuerpo con el fin de exhibirlo para idolatrarlo es algo sin sentido, pues todos estamos destinados a un final y no se debe mostrar una imagen que no es. Así que si bien en su trabajo hace lo que le gusta, no lo llega a considerar un arte, “La preservación prolongada de un cuerpo puede ser un arte pero ¿A qué costo? Para ellos sí puede ser un arte eso”.

En Colombia hay resoluciones acerca de la tanatopraxia (procedimiento temporal para la conservación de un cadáver) no hay leyes específicas que se refieran al proceso de embalsamar un cuerpo  y conservarlo en exhibición para la posteridad, con lo cual queda abierto el debate de que ésta pueda ser una posibilidad para algún colombiano después de su muerte. “El proceso de mantener un cuerpo es muy costoso y los métodos que hay en Colombia son muy rústicos” así que no es cercano una ampliación de estos procesos en el país. El pesimismo hacia su labor es evidente y lo argumenta por el reemplazo que podría hacer la tecnología ante el lento avance de la profesión de mantener cuerpos para estudio. ¿Llegará un modelo holográfico a cambiar la verdad que ofrece un cuerpo que alguna vez se movió, respiró, sintió etc.?

Si bien Fred opina de manera diferente al Dr. Ara, hay algo que no puede negar: la labor de los dos es una combinación armónica de sus dos hemisferios cerebrales (los dos de cada uno): de toda su atención, de todos sus conocimientos, de todas sus capacidades. La medición en la cantidad de formaldehido, bálsamos y resinas que fluirán por lo que fue el torrente sanguíneo que mantendrán al cuerpo muerto con imagen de vida o para práctica médica debe ser perfecta; sino las consecuencias podrían ser nefastas tanto para el difunto como para su interventor. A su vez éste oficios requieren del preciosismo, la sensibilidad y la perfección que solo los artistas poseen. Son los Bernini o Miguel Ángel de la muerte.




El libro en el que se basa mi perfil de Fred Murillo fue Santa Evita de Tomás Eloy Martínez.  En éste texto hay dos características similares al libro: el edificio en el cual Eva fue mantenida mientras el Dr. Ara hacía su trabajo es relacionable con el anfiteatro, todo por la muerte y el frío que los habita. También está el personaje del Dr. Pedro Ara que veía a Eva Perón como su obra más representativa. El doctor es un personaje central en la historia y debido a que en el país no ha habido un embalsamiento de alguna celebridad,  la conservación de cuerpos si se practica solo que para otros fines como la ciencia, el estudio y la investigación.

No hay comentarios:

Publicar un comentario